Gracias y bendiciones

No hay otra igual: nacía un día como hoy la Madre Teresa de Calcuta

La canonizaron en tiempo récord a pesar de que un hombre quiso impedirlo. ¿Quién era su impensado enemigo?

QPJ SOCIEDAD

Madre Teresa de Calcuta: su canonización en tiempo récord y la historia del hombre que luchó para impedirla.

Nació hace 115 años en Uskub, ciudad del Imperio Otomano. A los 18 años ingresó al noviciado y poco después fue enviada a la India. Cambió su nombre en homenaje a Teresa de Lisieux, la santa patrona de los misioneros. Las acusaciones en su contra encabezadas por el escritor Christopher Hitchens.

Eso no obstó a que tuviera detractores, enemigos que la criticaron con dureza. El principal, su propio abogado del diablo, fue el inglés Christopher Hitchens que atacó sus métodos y su misión.

En las últimas tres décadas del Siglo XX fue una de las figuras religiosas, de los líderes espirituales, más conocidos del planeta junto a Juan Pablo II, el Dalai Lama y posiblemente algún telepredicador como Billy Graham.

La gran irrupción global de Santa Teresa de Calcuta, o la Madre Teresa, ocurrió en 1969, mientras los Beatles grababan sus últimos temas y el hombre llegaba a la Luna. El periodista de la BBC, Malcolm Muggeridge realizó Something Beautiful For God, un documental sobre la religiosa. Una película hagiográfica, que difundió su imagen por primera vez fuera de la India. Era, claro, una gran historia. A partir del documental, la figura pública de Teresa iría creciendo hasta convertirse en un símbolo mundial, con su hábito blanco con vivos, azules, sus movimientos lentos y su voz algo grave, no tan frágil como su figura, esa voz con la que opinaba de los asuntos del mundo, y los ojos vivaces, alertas.

Las donaciones comenzaron a llegar de manera cotidiana. Teresa decidió abrir nuevos centros de cuidado y hospitales y expandir su comunidad por el mundo.

Después llegó el Nobel, las revistas, Lady Di, el Papa, los Duvalier. Una especie de rockstar de la solidaridad con movimientos leves, menguados.

Tras su aparente fragilidad era enérgica para tomar decisiones y para disciplinar a las religiosas de su congregación, y muy convincente para pedir colaboraciones para su obra: muchos poderosos, acostumbrados a lidiar con negociaciones complicadas y arduas, terminaban la reunión con ella habiendo entregado mucho más de lo que estaban dispuestos a dar a su llegada.

Fue casi hasta sus 35 años una monja más de Calcuta, de esas que hacían sus ejercicios espirituales, trataban de respetar los votos de obediencia, castidad y pobreza (este último nada difícil de cumplir en Calcuta), de esas que daban clases en colegios secundarios; en su caso las materias eran historia y geografía. Todo cambió con la Hambruna de 1943 en Bengala. Allí vio lo que nunca había imaginado siquiera que podía existir. El hambre mató a más de un millón y medio de personas. 

Los cuerpos de los chicos desnutridos quedaban tirados por las calles, se apilaban en las esquinas. Poco después, en un viaje en tren, dijo haber tenido una revelación, una conversación divina, una charla con el mismísimo Jesús en la que la conminaba a tomar cartas en el asunto, a dedicarse a los más pobres. Dejar el convento y acercarse a los que sufrían.

Había nacido el 26 de agosto de 1910, como Anjeze (Agnes) Ghonxhe Bojaxhiu en Uskub, ciudad del Imperio Otomano (hoy Skopie, capital de Macedonia del Norte). Su familia era de origen albanés. Su padre, un comerciante de buen pasar económico. Cuando el hombre murió, a los 8 años de Agnes, todo cambió. La familia empezó a pasar necesidades y la chica ingresó a vivir con las monjas de Loreto. A los 18 años ingresó al noviciado. Poco después fue enviada a la India, a la ciudad de Calcuta. Cambió su nombre en homenaje a Teresa de Lisieux, la santa patrona de los misioneros.

Después de la hambruna del 43 salió del convento, dejó las aulas y recorrió las calles. En las peores zonas de la ciudad brindó su ayuda y consuelo. Y se dispuso a convivir con los pobres.

Teresa quiso formar su propia congregación pero eso no es tan sencillo en la estructura jerárquica de la Iglesia. Tardó dos años en conseguir que el obispo la dispensara de sus votos y que le permitiera la creación de las Misioneras de la Caridad. El lema que se impuso fue: "Amar y cuidar a aquellas personas que nadie estaba preparado para cuidar".

A partir de ese momento se dedicó a Los Intocables, la clase más baja y olvidada de la India. Al cuidado de los enfermos (en esos primeros años en especial a los leprosos), a acompañar a los moribundos, los chicos huérfanos, los hambrientos. Sostenía que su objetivo no eran los pobres, sino "los más pobres entre los pobres". Creó escuelas, hospicios, hospitales, orfanatos.

La Madre Teresa dijo: "Nuestra misión era cuidar a los hambrientos, los desnudos, los indigentes, los discapacitados, los ciegos, los leprosos, todas esas personas que se sienten indeseadas, no amadas, abandonadas por toda la sociedad, aquellas que se han convertido en una carga para la sociedad y son apartadas por todos".

La actual corresponsal de CNN en Hong Kong se crió en Calcuta. Su madre era voluntaria de las obras de Teresa. "Ella solía estar ahí. Tan simple como eso. La veías acunando a un bebé enfermo, dándole de comer a un chico, o jugando con él mientras tironeaban de su hábito blanco. Era de tamaño pequeño pero con una energía descomunal, caminando con pasos rápidos de una instalación a otra. Siempre hacía contacto visual cuando te hablaba. Su mirada era muy intensa. Tenía una presencia tremenda", escribió la periodista que dice que nunca pensó que iba a conocer a una santa.

Su congregación no dejó de crecer. En un principio pareció que su tarea sería de alcance limitado, que no tendría mayor repercusión. Estaba trabajando en un país enorme, súperpoblado, en el que sólo el 2.3% de la población era católica; ella representaba a una religión muy minoritaria en India. Llegó a tener 6000 religiosas y a establecerse en más de cien países.

Cuando en 1979 le concedieron el Premio Nobel de la Paz su masividad se terminó de consolidar. Su obra no paraba de expandirse y de recibir donaciones. Mostró la cara oscura de su ciudad adoptiva, de Calcuta, y también de la India, pero al mismo tiempo logró concientizar de las necesidades que pasaba la gente y de la urgencia de hacer algo.

Muchas celebridades se solidarizaron y colaboraron con su causa; también lo hicieron algunos infames, delincuentes y hasta dictadores como los Duvalier de Haiti.

Su lugar en la conversación pública y su influencia fueron tan importantes, que su intervención, su solo involucramiento consiguió logros que le fueron negados a batallones de diplomáticos o legiones de lobistas. Consiguió una tregua en Beirut para poder sacar un nutrido grupo de huérfanos de la zona de conflicto, logró que en Estados Unidos liberen a presidiarios con HIV avanzado, que estaban muriendo, y, también, que distintos gobiernos alrededor del mundo presten mayor atención a su población más excluida. Brindaba ayuda humanitaria cuando en algún lugar, por más remoto que fuera, ocurría una catástrofe natural de dimensiones, u organizaban asistencia para refugiados.

Años después de su muerte, cuando se conocieron sus cartas y sus escritos privados, se supo que la vida espiritual, su vida como religiosa, fue un camino escarpado para ella, que debió soportar quiebres en su voluntad, dudas y por momentos que la fe la abandonara. Contó que esas tribulaciones la acompañaron durante 50 años.

Durante un largo tiempo la opinión favorable hacia ella, las religiosas de su comunidad y la obra que encaraban fue unánime. Pero de a poco empezaron a aparecer críticas. Su perseguidor más pertinaz y agudo parece haber sido Christopher Hitchens, el implacable pensador inglés, informa TN.

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