Mandó a su hija de 20 años a trabajar y terminó apuñalada
La mujer pidió ayuda la policía. La joven se presentó a la comisaría y quedó detenida. La fiscal la imputó por lesiones agravadas por el vínculo.
Un episodio alarmante ocurrido en Santiago del Estero expuso la intensidad con la que algunos jóvenes reaccionan ante situaciones cotidianas que les resultan incómodas o frustrantes. Una mujer le pidió a su hija de 20 años que se buscara un empleo para ayudar con los gastos familiares. Lo que parecía una charla doméstica terminó en un brutal acto de violencia: la joven la golpeó, la apuñaló y la dejó inconsciente.
El ataque se desató tras una discusión en la que la hija respondió con gritos y, fuera de control, utilizó un objeto punzante para herir gravemente a su madre. El nivel de agresividad escaló rápidamente: tras apuñalarla en el pecho, también la abofeteó y pateó, provocando que la víctima cayera y se golpeara la cabeza. Esa ráfaga de violencia física se convirtió en una metáfora cruda de cómo ciertas juventudes canalizan el enojo ante lo que perciben como imposición o presión.
La madre, profesora y comerciante, logró pedir ayuda tras recobrar el conocimiento, mientras su hija escapaba de la escena. Finalmente, la joven se presentó a la comisaría y quedó detenida por orden judicial. El caso quedó bajo investigación de la fiscal María del Pilar Gallo, quien imputó a la agresora por lesiones agravadas por el vínculo.
Este hecho vuelve a poner sobre la mesa una problemática social urgente: la incapacidad de procesar límites, frustraciones o exigencias mínimas sin recurrir a la violencia física. La agresión dejó al descubierto un patrón inquietante, en el que el desacuerdo se convierte en detonante para respuestas extremas, marcando a fuego la convivencia familiar y el equilibrio emocional de las nuevas generaciones.
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